Combatir el Herpes. Terapia del virus infeccioso.

El Herpe es una enfermedad infecciosa, de etiología vírica, caracterizada por la aparición, en zonas de la piel próximas a las aberturas naturales del organismo (boca, prepucio, vulva, ano, etc.), de pequeñas vesículas dispuestas en cúmulos, que evolucionan con rapidez y benignidad en el plazo de 2 a 5 días.


El herpe fue considerado durante mucho tiempo como una forma leve de "catarro" o "resfriado", o una enfermedad digestiva que se manifestaba en forma de lesión cutánea vesiculosa.. En 1912 Grüter demostró que era producida por un virus que se podía implantar experimentalmente en la córnea del conejo y que, también experimentalmente, podía provocar lesiones de tipo encefálico en dicho animal.

Löwenstein y Doerr precisaron que todas las localizaciones del herpe reconocen la misma etiología y llamaron la atención sobre el neurotropismo del virus.

Hoy se sabe que el herpe es producido por un virus especifico perteneciente al grupo de los Herpes virus. Si bien en el adulto la manifestación más frecuente es la aparición de pequeñas vesículas en tomo a las aberturas naturales, parece demostrado que la infección primaria ocurre en la mayoría de las personas antes de los 5 años y que casi siempre es asintomática, es decir, subclínica.

En unos casos, sin embargo, la infección primaria en los niños es un proceso agudo relativamente grave, con fiebre elevada y malestar general, aparición de gran número de vesículas herpéticas en los labios y una inflamación que alcanza la lengua, amígdalas y toda la boca. En estos casos la curación se presenta entre los 7 y los 15 días de iniciado el proceso.

En los adultos el herpe es generalmente un proceso recidivante, con brotes que coinciden con cualquier proceso febril, trastornos digestivos, estados de agotamiento o, incluso, que se presentan a continuación de ciertas situaciones en las que el enfermo experimenta una intensa sensación de desagrado, repugnancia o asco.

La localización, la gravedad y la frecuencia de las recidivas permiten establecer diversas formas clínicas de herpe. La forma más común es el herpe labial, caracterizado por la aparición de un ramillete de vesículas, cada una de ellas del tamaño aproximado al de una cabeza de alfiler, localizadas en los labios, en especial en la zona de piel
próxima al limite de la mucosa.

En ocasiones la zona invadida alcanza el ala de la nariz y el mentón. Las vesículas asientan sobre una base congestiva, enrojecida, y se acompañan al principio de sensación de picor. Por acción del rascado, o espontáneamente, se rompen y se recubren de costras, que si se intentan desprender prematuramente sangran con facilidad.

La erupción suele acompañarse de una ligera elevación febril. Cura sin dejar cicatriz. Es muy frecuente el herpe labial recidivante. Hay personas en las que cualquier trastorno digestivo o alteración febril se acompaña de brotes de herpe, en ocasiones muy molestos.

En algunas mujeres se presentan los brotes de herpe labial recidivante coincidiendo con el periodo menstrual. También se presenta a menudo el herpe labial sintomático en el curso de la neumonía, sepsis estreptocócicas, etc.

El herpe genital, con la locaalización de la lesión en los genitales externos del hombre y la mujer, es relativamente frecuente. El herpe genital recidivante es un proceso que, si bien no grave, llega a preocupar a quien lo padece.

Cuando el herpe se localiza en la córnea (herpe corneal) se origina el cuadro de la queratitis herpética, que puede dejar opacidades coméales permanentes.

La localización del virus del herpe en otros territorios puede ocasionar el cuadro de la meningitis herpética, encefalitis, amigdalitis, etc.; también puede implantarse sobre una lesión cutánea eccematosa.

El diagnóstico es puramente clínico. No existe terapéutica específica. Para calmar los dolores que a veces causan las vesículas pueden utilizarse pomadas refrescantes o anestésicas.