Combatir la Cirrosis. Tratamiento y Dieta, Prevencion.

La Cirrosis es un proceso degenerativo crónico, evolutivo e irreversible, que afecta el parénquima hepático en forma difusa. Sus principales características histológicas son: necrosis celular, regeneración nodular y formación de tabiques conjuntivos.


Desde hace siglos se conoce el hecho de que el "endurecimiento del hígado" corresponde a la fase final de la enfermedad hepática crónica. En Vesalio y Morgani se encuentran ya diferentes descripciones de la morfología del hígado cirrótico (aspecto nodular y reducido). En 1819 Laénnec propuso el término cirrosis, que le fue sugerido por el color de los nódulos de regeneración. La analogía entre cirrosis y escirro dio lugar a confusiones terminológicas, de tal forma que el término cirrosis fue progresivamente expresado endurecimiento del hígado, con lo que se modificaba su empleo primitivo, que únicamente significaba cambio de color.

Rokitansky describió la cirrosis como el resultado de alteraciones inflamatorias del tejido conjuntivo hepático; más tarde, Frerichs expuso que existían dos fases: la primera, de inflamación y neoformación del tejido conjuntivo, y la segunda, de retracción y formación nodular.

La historia de la cirrosis se caracteriza por una constante confusión acerca de sus causas, patogénia, tipos clínicos y anatomopatológicos, etc., y pese a que actualmente se han realizado numerosos trabajos sobre el tema, existe todavía un amplio desconocimiento sobre sus causas básicas.

La cirrosis constituye un proceso relativamente frecuente. Las cifras obtenidas reflejan un acentuado paralelismo entre la población enferma y el número de alcohólicos. Aunque es difícil señalar el porqué de este aumento, parece ser debido a un mayor conocimiento y estudio del proceso, a una mejor asistencia médica, que permite a los pacientes sobrevivir a la hepatopatía inicial y a una mayor exposición a substancias hepatotóxicas (alcohol y determinados fármacos).

Esta afección puede presentarse a cualquier edad, pero en general es propia de los sujetos de mediana y avanzada edad.

Clasifícación de la cirrosis. Numerosas clasificaciones han sido establecidas: las antiguas, basadas en los caracteres clínicos o en las alteraciones macroscópicas del hígado, se han desechado (seudocirrosis, diabetes bronceada, cirrosis esplenomegálica, monolobular, atronca, hipertrófica, pigmentaria, de Hanot, etc.). Esta clasificación morfologica es la que mas se adapta a las necesidades clinicas y la que proporciona un esquema en el que se puede incluir cualquier tipo etiológico de cirrosis.

A) Criterio morfológico: 1) cirrosis portal; 2) cirrosis posnecrótica, y 3) cirrosis bi­liar (con obstrucción de las vías biliares extrahepáticas o sin ella). B) Criterio etiológico:1) malnutrición; 2) alcoholismo; 3) hepatitis vírica; 4) obs­trucción de las vías biliares extrahepáticas;
5) Insuficiencia cardiaca; 6) hemocromatosis; 7) sífilis congénita; 8) tóxicos (trinitrotolueno); 9) granulomas: sífilis, tuberculo­sis, sarcoidosis; 10) esquistosomiasis, y 11) alteraciones del metabolismo del cobre (enfermedad de Wiison).

Cirrosis portal. Forma de cirrosis que se presenta sobre todo en adultos. Afecta más frecuentemente a los del sexo masculino, debido tal vez a una mayor exposición del varón al alcoholismo.

Las causas más frecuentes de cirrosis portal son: el alcoholismo, la malnutrición, la hemocromatosis, la enfermedad de Wilson y la hepatitis vírica. De todas ellas cabe destacar la relación alcoholismo-cirrosis, tanto por su importancia etiológica como por su interés sociológico.

Se calcula que un 10 % de los alcohólicos desarrollan un hígado graso (etapa previa anatomopatológica) o cirrosis. En EE.UU., durante la promulgación de la ley seca descendió la cifra de cirrosis y volvió a aumentar al de­rogarse aquélla. Jolliffe y Jollineck han se­ñalado que la cirrosis es seis veces más fre­cuente en sujetos propensos a la embriaguez que entre la población normal.

El mecanis­mo de acción del alcohol, aunque muy dis­cutido, parece actuar, por una parte, de un modo indirecto, ocasionando deficiencia de nutrición causa de un depósito excesivo de grasa en el hígado y, por otra, desarro­llando acciones directas tóxicas sobre el hígado.

Desde un punto de vista anatomopatológico deben distinguirse las siguien­tes etapas evolutivas: 1) hígado graso (esleatosis); 2) hígado graso y necrosis; 3) hígado graso, fibrosis y cirrosis. Macroscópicamente el hígado puede ofrecer un ta­maño variable (grande, pequeño, normal) según la etapa evolutiva en que se encuen­tre; su aspecto es característico. Microscó­picamente existen unas lesiones específicas que permiten el diagnóstico histológico del proceso.

Las principales manifestaciones clíni­cas que caracterizan el inicio de la dolencia son: cansancio, falta de apetito, trastornos digestivos inespecíficos, meteorismo, sín­tomas relacionados con el déficit endocrino, etc. Las manifestaciones clínicas de la cirro­sis instituidadependen del grado de insufi­ciencia hepática y son: ictericia, hepatomegalia, esplenomegalia, ascitis, signos pro­pios de la hipertensión portal (varices eso­fágicas, hemorroides, circulación colateral, etc.), signos cutaneomucosos (arañas vascu­lares, telangiectasias, eritema palmar, len­gua roja y depapilada, piel seca), trastornos psíquicos y neurológicos, signos dependien­tes de trastornos endocrinos (ginecomastia, atrofia testicular, falta de erección, alte­raciones prostáticas, modificaciones de la distribución del vello, etc.). La insuficiencia hepática conduce al coma.

El tratamiento básico de la cirrosis abar­ca : una dieta correcta y suficiente, reposo, antibióticos, corticosteroides, anabolizantes, etc.

Cirrosis posnecrótica. Forma de cirrosis parecida a la anterior; permiten diferenciar­la datos clínicos (más frecuente en personas jóvenes y en mujeres), etiológicos (son se­cundarias sobre todo a hepatitis, factores hepatotóxicos y trastornos de autoinmunidad) y anatomopatológicos.
La clínica y el pronóstico dependen más de los factores causales que de los anatomo­patológicos.

Cirrosis biliar primaria. Proceso hepáti­co de escasa frecuencia y que básicamente se caracteriza por presentarse en mujeres adultas, no estar asociado a procesos de vías biliares extrahepáticas y ser de causa desconocida. Sus aspectos más peculiares son: el pi­cor (prurito) de larga duración, asociado a ictericia, alteraciones cualitativas de la ori­na y las heces, aumento de tamaño del hí­gado y buen estado general. Evolutiva­mente cursa en primer lugar como un pro­ceso obstructivo extrahepático, al que más tarde se asocian lesiones parenquimatosas del hígado. Después de muchos años apa­recen notables alteraciones en la piel.

Cirrosis biliar secundaria. Forma de cirrosis, mejor conocida que la anterior y cuya frecuencia en edad y sexo es variable. Es siempre secundaria a procesos que cursan con obstrucción de las vías biliares.
Las   alteraciones  anatomopatológicas consisten en una fibrosis (que posteriormente evolucionará a cirrosis), producida por la retención de la bilis en el hígado, como consecuencia del obstáculo que existe en sus vías de drenaje naturales. Clínicamente se manifiesta por: ictericia variable o persistente, asociada a fiebre, picor y aumento de tamaño del hígado y del bazo. De pronóstico variable, éste es el único tipo de cirrosis que reconoce como trata­miento básico y definitivo la eliminación del obstáculo extrahepático, mediante pro­cedimientos quirúrgicos.