Combatir la Diabetes Tratamiento y Dieta

La Diabetes es un trastorno patológico caracterizado por la necesidad de ingestión de grandes cantidades de agua (polidipsia) y la secreción de cantidades excesivas de orina (poliuria); engloba tres enfermedades completamente diferentes: diabetes mellitus, diabetes renal y diabetes insípida.

Ya en el año 600 a/c los indios descubrieron las dos formas; asténica y esténica, de la diabetes. En el Ayurveda de Súsruta se denomina a la enfermedad madhumeha (orina de miel). Siglos antes de la era cristiana los chinos conocían el sabor dulce de la orina. Hacia los años 30-90, Areteo de Capadocia denominó diabetes a la enfermedad.

A mitad del s. XVII Thomas Willis, de Oxford, diferenció la diabetes mellitus de la diabetes insípida y demostró que el azúcar se encuentra primero en la sangre que en la orina. En 1788 Thomas Cawley supuso la existencia de una relación entre la diabetes y las alteraciones del páncreas.

Los estudios modernos de la diabetes mellitus se iniciaron con Claude Bemard, descubridor de la glucosuria subsiguiente a la picadura diabetógena, y de la función glucogénica del hígado (1847). La clínica del proceso fue esclarecida sobre todo por Naunyn, Mering y Minkowski. La obtención de la insulina por Banting y Best, en 1921, constituyó un descubrimiento crucial. En 1956-59 Sanger pudo precisar la estructura exacta de la insulina. En 1954 Franke inauguró la terapéutica con antidiabéticos orales. No hace muchos años de consiguió la síntesis artificial de la insulina.

Formas etiopatogénicas de diabetes. De las tres formas etiopatogénicas de diabetes, la diabetes mellitus o sacarina es, con mucho, la más frecuente y de mayor trascendencia clínica.

Diabetes insípida. Es una enfermedad poco frecuente, producida por la falta de hormona antidiurética, que impide la resorción, a nivel de los túbulos renales, del agua filtrada en el glomérulo, originándose, en consecuencia, una poliuria intensa. La etiología no está perfectamente aclarada. La forma más frecuente es la idiopática, es decir, sin causa aparente. Cierto número de casos son debidos a tumores de la fosa craneal media, a procesos inflamatorios y a trastornos vasculares o a traumatismos. Los síntomas más llamativos son la poliuria, que alcanza cifras de 5 a 10 o más litros, en 24 horas, de orina dará casi como agua, y la sed intensísima, con la que el paciente intenta reponer el agua perdida.

Existe una forma clínica de diabetes insípida que constituye la otra variante etiopatogénica de la diabetes, debida a una falta de respuesta del túbulo renal a la hormona antidiurética; se denomina diabetes insípida tubular o simplemente diabetes renal. Es una enfermedad rara, de carácter hereditario, transmitida por las mujeres y sufrida por los varones. Es frecuente en los niños. Carece de tratamiento específico. La hormona antidiurética, que constituye el tratamiento de la diabetes insípida, carece de efecto en esta enfermedad.

Diabetes mellitus o sacarina. Es la caracterizada por un trastorno del metabolismo de los hidratos de carbono, con una deficiente utilización de la glucosa y una anormal formación de insulina.

El metabolismo de los hidratos de carbono constituye la principal fuente energética utilizada por el organismo. Estas substancias se ingieren en forma de almidón, sacarosa y lactosa, las cuales, en el proceso de la digestión, son hidrolizadas, respectivamente, a glucosa, glucosa y fructosa, y glucosa y galactosa. La glucosa es utilizada directamente o almacenada en forma de glucógeno en el hígado, lo mismo que la fructosa, aunque esta última puede también ser utilizada directamente. La glucosa puede producirse asimismo a partir de los intermediarios de su propio catabolismo oxidativo, por inversión de la dirección metabólica o bien a partir de las proteínas mediante la gluconeogénesis del metabolismo de los hidratos de carbono.

Todos los tejidos del organismo necesitan para sus funciones metabólicas el aporte de glucosa; la toman de la existente en la sangre, donde es vertida por los mecanismos suministradores de glucosa. La glucosa sanguínea atraviesa las membranas de las células de los diversos tejidos, de acuerdo con sus necesidades. Algunos tejidos, como el cerebro, son totalmente dependientes de ella para sus necesidades energéticas. El equilibrio entre aporte y gasto, establecido a través de la glucosa sanguínea o glucemia, es de importancia primordial. La utilización de la glucosa por los tejidos está regulada especialmente por la insulina, hormona elaborada por las células de los islotes de Langerhans del páncreas, cuya secreción se incrementa al producirse un aumento de la glucemia.

La acción de la insulina es equilibrada, en parte, por los efectos de la hormona somatotropa de la hipófisis anterior; del glucagón, secretado, como la insulina, por las células a de los islotes de Langerhans del páncreas; de la adrenalina y de los glucocorticoides, hormonas secretadas por las suprarrenales. Todas estas hormonas, a través de mecanismos diferentes, tienen una acción hipergiucemiante.
El trastorno del metabolismo de los hidratos de carbono en la diabetes está representado por una deficiente utilización de la glucosa por las células, especialmente hepáticas y musculares. El retraso en la asimilación y aprovechamiento de los hidratos de carbono acarrea hipergiucemia, que a su vez provoca la glucosuria; sin que ello se halle totalmente demostrado, este trastorno está vinculado con un efecto deficiente de la insulina.

Datos epidemiológicos. La diabetes se observa más en la edad media de la vida, entre los 45 y 60 años, aunque se da también en ancianos, jóvenes y niños (del 3 al 5 % de los diabéticos son niños), y es más frecuente en varones que en mujeres. El proceso es más común en el Norte de Europa que en el Sur; prefiere las capas sociales con cierto bienestar; los obesos enferman más a menudo.

En casi el 25 % de los casos existen antecedentes hereditarios, y se considera indudable la existencia de un gen diabético que se transmite con carácter recesivo.

Manifestaciones clínicas de la diabetes. En muchos casos se presentan gradualmen­te, y en ocasiones son poco características. Consisten en piodermitis, pruritos, eccema vulvar, balanitis, furunculosis, evolución tór­pida de la curación de heridas, disminución de la capacidad psicofísica, disminución de la libido, astenia.

Progresivamente se ins­tauran los síntomas cardinales de poliuria y nicturia, con polidipsia, muchas veces poli­fagia y pérdida de peso.

Hay que destacar dos formas fundamen­tales de diabetes: la juvenil y la del adulto, caracterizadas por su evolución clínica, edad de presentación, interpretación pato­génica y peculiaridades terapéuticas. La for­ma juvenil o de adultos jóvenes incluye la diabetes infantil, con un comienzo brusco, predominando el trastorno glucémico y el déficit insulínico, y cuyo cuadro clínico está representado casi constantemente por la triada clásica de polidipsia, poliuria y poli­fagia.

Se acompaña de pérdida de peso, as­tenia progresiva y generalmente de acetonuria (acidosis diabética). En un porcentaje elevado de casos, si no media el tratamiento insulinico adecuado, desarrollan un coma diabético hiperglucémico. Esta forma de comienzo corresponde a un 30-40 % de to­das las formas de diabetes. La base de su tratamiento es la insulina que, salvo raras excepciones, debe mantenerse toda la vida.

La forma de diabetes del adulto tiene un co­mienzo más solapado, con la sintomatología referida al principio. La tríada clásica se presenta más atenuada o incluso puede fal­tar. Se trata de pacientes generalmente obesos. Es frecuente que las causas antes referidas como desencadenantes marquen el comienzo de la enfermedad.

Muchas ve­ces la exploración de estos pacientes evi­dencia la existencia de síntomas que corres­ponden al síndrome diabético tardío. La base del tratamiento es dietético, buscando la reducción de peso. Se benefician también con antidiabéticos orales y otras medidas
terapéuticas encaminadas a la corrección de alteraciones patológicas secundarias o aso­ciadas.

Síndrome diabético tardío. A lo largo de su evolución la diabetes se acompaña de trastornos degenerativos que afectan dife­rentes órganos, entre los que cabe destacar: Trastornos vasculares. Son los más graves y frecuentes, y originan accidentes patoló­gicos, principalmente en la retina, corazón, cerebro, sistema vascular arterial periférico, sistema nervioso periférico y riñon. Trastornos  digestivos. Enteropatía diabética diarreica, trastornos hepáticos, hígado graso, cirrosis hepática, hepatitis ictérica. Trastornos de la piel. Rubeosis diabética, xantelasmas o xantomas.

Las lesiones nerviosas producen tras­tornos dolorosos de la sensibilidad, espe­cialmente en las extremidades inferiores. Se manifiestan además como radiculalgias, neuralgias intercostales, multineuritis y atrofias del nervio óptico.

La impotencia sexual puede ser determinada por estos trastornos degenerativos vásculo-nerviosos, aunque también participa de factores psicógenos. La artropatía diabética reconoce la misma causa.

En el riñon se produce el síndrome nefrótico de la glomerulosclerosis intercapilar de Kimmelstiel, con hiperten­sión, edemas, hipoproteinemia e insufi­ciencia renal progresiva (que es letal). Los diabéticos son muy propensos a las infec­ciones urinarias.

Tratamiento de la diabetes. Difiere en cada forma clínica de la enfermedad, aunque básicamente está constituido en dos gran­des apartados: a) tratamiento dietético y b) tratamiento medicamentoso: insulina. antidiabéticos orales, medicación protec­tora.

El tratamiento dietético es especialmen­te diferente en la forma juvenil y en la for­ma adulta de la diabetes. En la primera, especialmente infantil, el régimen dietético per­mitirá cubrir las necesidades de hidratos de carbono, proteínas y grasas, ajustando las dosis de insulina necesarias para su normal metabolismo, con relativa indiferencia del nivel glucémico y con atención especial a evitar la acidosis. Aunque no se aconseja el régimen con libertad absoluta de hidra­tos de carbono, su proporción en la dieta es abundante.

Las proteínas serán libres y la grasa moderada. Los regímenes excesiva­mente restrictivos con la finalidad de nor­malizar la hiperglucemia y glucosuria, se han demostrado perniciosos por interferir notablemente el desarrollo somático.

En el diabético adulto joven se mantiene la misma proporción de principios inmediatos, ajus­tando su tasa al gasto energético aproxima­do en relación a su actividad habitual. Los alimentos son distribuidos de forma fraccio­nada a lo largo del día, para permitir una asimilación que prevenga de ayunos obliga­dos y evitar situaciones de hipoglucemia.

En la diabetes del adulto el régimen dieté­tico constituye la base del tratamiento. Su finalidad consiste en la reducción de peso (casi todos los pacientes son obesos) para disminuir el nivel de regulación endocrina (elevada en estos pacientes). El régimen debe ser hipocalórico, con restricción severa de los hidratos de carbono y de las grasas y relativamente rico en proteínas. Es también fraccionado. En estos pacientes son de gran importancia los cuidados generales. Debe evitarse los esfuerzos físicos y psíquicos ex­cesivos; se favorecerá la movilización cor­poral a base de ejercicio físico moderado; se eliminarán los focos sépticos; se adoptarán las máximas precauciones ante intervencio­nes quirúrgicas, y se procederá al trata­miento cuidadoso, con medicación apropia­da, de los trastornos diabéticos secundarios o asociados,