Combatir la Gripe, el Catarro. Virus y Contagio.

La Gripe es una enfermedad infectocontagiosa, de naturaleza vírica, que evoluciona como una afección leve y rápida, con síntomas catarrales de las vías respiratorias superiores.

La gripe es una enfermedad habitualmente benigna, aunque en su curso pueden presentarse complicaciones bronconeumónicas (más raramente encefaliticas), responsables de la gravedad que en ocasiones adquiere.

Si bien en uno de los manuscritos de Hipócrates se encuentra la descripción de cuadros clínicos coincidentes con el de la gripe, el hecho de que hasta hoy no se haya podido demostrar con seguridad la etiología específica de la gripe ni la de los numerosos procesos con los que puede confundirse, hace muy difícil la interpretación exacta de las epidemias conocidas sólo por descripción clínica.

Incluso en la actualidad se engloban bajo esta denominación numerosos procesos de las vías respiratorias superiores, de etiología vírica (o bacteriana) que no tienen nada que ver con la gripe verdadera. La bacteria denominada bacilo de Pfeiffer o Haemophilus influenzae, que fue considerado como el agente etiológico de la gripe, no desempeña dicho papel.

La demostración de que la gripe es producida por un virus presente en las secreciones nasofaríngeas de los enfermos la realizaron Smíth, Andrews y Laindiaw, en 1931.

La gripe es producida por un virus de tamaño mediano perteneciente al grupo de los grandes mixovirus, posee ácido ribonucleico y tiene una estructura bastante compleja. Existen tres tipos, A, B y C, diferentes antigénicamente; la mayoría de las epidemias gripales son producidas por virus del tipo A. El virus gripal posee gran tendencia a sufrir cambios antigénicos, lo que explica la presentación de grandes epidemias cuando el cambio sufrido por el virus es tan amplio que la inmunidad adquirida por una infección anterior deja de ser efectiva sobre la nueva variante de virus.

Este hecho ocurrió en 1957; la nueva mutante se diferenciaba tan ampliamente de todos los tipos anteriores de virus que se encontró con una población desprovista totalmente de protección y se originó la gran epidemia gripal denominada gripe asiática, de amplísima difusión.

La contagiosidad de la gripe, en especial la pandémica, es extraordinaria. El vehículo de contagio son las gotas de saliva y moco que se proyectan al toser, estornudar o, simplemente, al hablar, y que se transmiten por el aire y menos veces por contacto directo. El enfermo de gripe es contagioso durante la enfermedad e incluso en las fases finales del periodo de incubación, antes de la aparición de las manifestaciones clínicas.

Existe un Centro Mundial de la Gripe, patrocinado por la Organización Mundial de la Salud, encargado de recoger inmediatamente toda la información sobre cualquier cambio antigénico que pueda sufrir el virus gripal, para estudiarlo con detalle, informar a las autoridades sanitarias de todo el mundo y facilitar la rápida preparación de vacunas con la nueva variante del virus.

La enfermedad se presenta en forma de casos aislados, de brotes epidémicos más o menos extensos o de grandes pandemias que abarcan todo el mundo, algunas de las cuales, como la que se produjo en 1918, son extraordinariamente mortíferas, hasta el punto de que las pérdidas humanas ocasionadas por ella se han evaluado en 20 millones. Otra pandemia más reciente fue la de 1957, ya citada, de difusión amplísima, pero de letalidad baja.

Manifestaciones clínicas. La gripe simple, sin complicaciones, se caracteriza por un cuadro clínico de cefalalgias, gran quebrantamiento y tos seca. Los dolores musculares son intensos, en especial en los muslos, región lumbar y músculos de la nuca y región torácica. Estas mialgias son semejantes a las que se producen tras una marcha prolongada o un ejercicio violento. El periodo de incubación es breve, pocas veces superior a 4 días, y la invasión es brusca; suele iniciarse con escalofríos y rápida elevación de la temperatura, que en pocas horas suele alcanzar 39° C o más.

Casi nunca faltan síntomas catarrales de las vías respiratorias altas, que suelen iniciarse al segundo día de la fiebre; comienzan con sensación de irritación de la garganta, luego la nariz se humedece y aparece, acompañada de estornudo y lagrimeo, secreción nasal, serosa al comienzo y más tarde muco purulenta; este cuadro corresponde a la coriza gripal, uno de los síntomas más corrientes de estas formas puras y benignas de la gripe.

El catarro puede propagarse a la tráquea y bronquios, acompañado de sensación de arañazo retrostemal y ocupación de la tráquea. Esta forma de gripe es la más corriente tanto en el curso de la gripe estacional como en el de las epidemias y pandemias.

La gripe complicada deja de ser la enfermedad benigna habitual y se transforma en una enfermedad grave, con complicaciones respiratorias de tipo bronquial, bronconeumonía, neumonía, pleuresía, etc., producidas casi siempre no por el virus gripal sino por bacterias sobreañadidas. La encefalitis gripal, poco frecuente, es extraordinariamente grave.
Diagnóstico y tratamiento. El diagnóstico se establece casi siempre clínicamente. Los métodos de laboratorio se utilizan para precisar exactamente la etiología de la enfermedad en las fases de comienzo de las epidemias, o con fines científicos. Se basan en el aislamiento del virus a partir del liquido de lavados faríngeos, para lo cual se recurre a la inoculación en el huevo embrionado. Puede precederse también a la demostración de los anticuerpos específicos mediante la reacción de fijación del complemento y la prueba de la inhibición de la hemaglurinación. No existe tratamiento especifico para la gripe.

Las vacunas preventivas son eficaces a condición de estar preparadas con un virus exactamente igual o muy semejante al productor de la epidemia.