Toxicomania y Drogadiccion Curar Adiccion a las Drogas

La Toxicomanía es un estado de intoxicación periódica o crónica producido por el consumo repetido de una droga natural o sintética.

Las características de las toxicomanías, según el comité de expertos de la OMS, son: 1) deseo o necesidad irrefrenable (compulsión) de continuar tomando la droga y de obtenerla por cualquier medio; 2) tendencia a aumentar la dosis, y 3) dependencia psíquica y a veces física de la droga.

Estos conceptos corresponden, respectivamente, a los de habituación, tolerancia y dependencia inherentes a los estupefacientes. La dependencia física se debe probablemente a modificaciones de procesos bioquímicos celulares que condicionan la aparición de síntomas de abstinencia cuando se suprime la administración de la droga.

La toxicomanía, también llamada adición a las drogas, depende de complejos factores sociales, culturales, familiares y personales. Baste pensar que su presentación depende de la disponibilidad de la droga, de las prácticas sociales que posibilitan la iniciación en su uso y de la personalidad del toxicómano o drogadicto, que se caracteriza en general por una elevada disposición a la ansiedad neurótica, una intolerancia al dolor y al sufrimiento, una búsqueda imperiosa de sensaciones placenteras y, en consecuencia, la tendencia a la evasión de responsabilidades de todo orden y al refugio en el aislamiento facilitado por el "paraíso artificial" de las drogas.

Clasificación de las drogas. Las drogas capaces de producir toxicomanía pueden clasificarse en dos grupos: el de los estupefacientes o tóxicos mayores (opio y sus alcaloides, cáñamo indico y cocaína), que se distinguen por sus poderosos efectos narcóticos, y el de las sustancias, denominadas tóxicos menores, que, al contrario que los primeros, crean más dependencia psíquica que física y, por su acción sedante o estimulante, suelen utilizarse en la terapéutica médica de los trastornos nerviosos y emocionales (barbitúricos y anfetaminas principalmente).

Un grupo aparte, especialmente por lo extendido de su uso y por haberse convertido en un hábito social, no sólo culturalmente tolerado sino incluso fomentado, con el alcohol y el tabaco.

Estupefacientes. El prototipo de la toxicomanía es la producida por el opio y sus derivados (morfina, heroína, etc.). El opio es una sustancia que se extrae del jugo de las adormideras y cuyos alcaloides de acción estupefaciente se obtienen también por vía de síntesis. Su uso médico como sedante y analgésico de gran potencia es conocido desde los tiempos de la Grecia antigua, pero, al margen de esta utilización terapéutica, se ha empleado también desde tiempos remotos como droga placentera porque a su acción sedante une cierta exaltación del estado de ánimo que es descrita como muy agradable por quienes están habituados a ella.

En Oriente suele hacerse uso de esta droga principalmente inhalándola (fumadores de opio), pero en Occidente es más común usarla por inyección parenteral de alguno de los alcaloides. Su empleo conduce rápidamente a la aparición de los fenómenos de habituación, tolerancia y dependencia. El toxicómano ve aumentar su apetencia por la droga a medida que las dosis normales van perdiendo efecto. Así, tiene que ir aumentando la dosis y la frecuencia de administración, y comúnmente pasa de la vía hipodérmica a la intravenosa en busca de una intensificación del efecto deseado. El síndrome de abstinencia reviste caracteres verdaderamente dramáticos.

Las primeras manifestaciones (inquietud, irritabilidad y síntomas catarrales, similares a los del resfriado común) aparecen en seguida de suprimir la administración de la droga. Luego se sufren dolores abdominales, vómitos, diarrea, temblores e incremento de la inquietud e irritabilidad, hasta llegar al delirio; todo ello puede acabar con la muerte del enfermo si la supresión no se realiza gradualmente y con la vigilancia y tratamiento médicos adecuados.

Los síntomas alcanzan su apogeo entre las 48 y 72 horas siguientes a la supresión de la droga, y van desapareciendo paulatinamente al cabo de diez a catorce días. Actualmente, la toxicomanía por opio es relativamente rara y queda casi limitada a enfermos que se han habituado por haberle sido administrada médicamente en el curso de alguna enfermedad muy dolorosa, y a personas predispuestas que, por razón de su profesión (médicos, enfermeras, farmacéuticos) tienen más facilidad para adquirir tal droga.

El cáñamo índico (Cannabis), marihuana o hachís era ya utilizado como anestésico por los chinos hace 2.000 años. Su uso en forma de cigarrillos está bastante extendido actualmente, pero no parece crear verdadera dependencia física. Produce al cabo de pocos minutos un estado onírico con exaltación de la imaginación, la boca se seca, los ojos se enrojecen y las pulsaciones aumentan ligeramente. En unos individuos provoca un sentimiento de bienestar y excitación, pero en otros ocasiona un estado de ánimo depresivo, con vivencias de pánico e incluso alucinaciones.

Barbitúricos. Los barbitúricos, que se utilizan frecuentemente como hipnóticos, son susceptibles de crear una verdadera toxicomanía en determinadas personas, en las cuales se desarrolla una tolerancia que les lleva a ir aumentando progresivamente la dosis utilizada. Afectan al sistema nervioso en forma parecida a como lo hace el alcoholismo crónico. Cuando se suspende su administración, el estado del enfermo parece mejorar al principio, pero hacia las 16 horas aparecen los síntomas de abstinencia, ansiedad, temblores, convulsiones e incluso delirio.

Anfetaminas. La anfetamina, bencedrina o simpatina, suele ser utilizada como estimulante para combatir el sueño y obtener más rendimiento físico o psíquico. También frena el apetito, por lo que se usa como base para productos recomendados en curas de adelgazamiento. No produce verdadera dependencia física, pero sí una dependencia psicológica en algunas personas predispuestas, las cuales van aumentando las dosis. La intoxicación crónica provoca un estado de excitación del sistema nervioso simpático (sequedad de boca, midriasis, taquicardia, etc.) que puede llegar incluso a la confusión mental, con agitación psicomotora y delirio.

Cocaina. La cocainomanía es relativamente frecuente en los países occidentales, y está actualmente más extendida que otras toxicomanías. Se utiliza por vía nasal en tomas de 5 a 30 Cg., lo que provoca accidentes locales (coriza, rinitis atrófica, perforación del tabique nasal). Los efectos psíquicos de la llamada embriaguez cocaínica evolucionan en tres fases: 1) euforia; 2) confusión, con alucinaciones visuales (en forma de puntos coloreados y en movimiento), auditivas, y especialmente táctiles, y 3) somnolencia. La intoxicación crónica produce trastornos del comportamiento característicamente agresivo y antisocial. Es la droga más extendida en personas con más alto poder adquisitivo y capas sociales altas.

El tratamiento de todas estas dependencias toxicologícas requiere de especialistas que proveen de remedios paliativos, así como ingresos en centros especializados en ocasiones acompañados de sesiones de terapia de grupo.