Malaria Paludismo Tipos de Malaria Transmisión y Tratamiento

La malaria o paludismo es la enfermedad parasitaria provocada por los protozoos del género Plasmodium que está caracterizada por la presencia de anemia y fiebre alta. El parásito se trasmite a las personas mediante la picadura de mosquitos anófeles infectados.
Por lo general, la malaria o paludismo es una enfermedad curable cuando se diagnostica y se trata correcta e inmediatamente.

Anualmente entre 300 y 500 millones de personas sufren la malaria en todo el mundo, de las cuales, más de tres millones mueren a causa de complicaciones de la enfermedad. La mayoría de las víctimas acostumbran a ser niños que viven en países subdesarrollados.

La malaria está extendida por la mayor parte del territorio del África subsahariana, el Pacífico oriental, y la parte central de América del Sur, pero con gran diferencia es África el continente donde se agrupan más casos y más muertes. Además, hay zonas donde tanto el mosquito como los protozoos presentan una gran resistencia a los productos que se usan para su control y tratamiento. Ello provoca que los programas que se destinan al control y tratamiento de la enfermedad resulten caros, complejos y a menudo con resultados muy limitados.

Síntomas
Posteriormente a la picadura del mosquito infectado, hay un período de incubación antes de que broten los primeros síntomas. En la mayoría de los casos van de los 7 a los 30 días. Las etapas más cortas pertenecen a infecciones causadas por la especie Plasmodium falciparum mientras los periodos mas largos son causados por la especie Plasmodium malariae.

Los medicamentos antipalúdicos que se prescriben a determinados viajeros pueden retrasar la aparición de los síntomas semanas e incluso meses. Estas demoras entre exposición y el desarrollo de los síntomas puede causar el error o el retardo del diagnóstico.

La enfermedad provoca una amplia variedad de síntomas (vómitos,  cansancio, diarrea, dolor óseo, dolor de cabeza, y otros) en los que normalmente sobresale un período de fiebre alta que va precedido de intensos escalofríos.

En aquellos países donde los casos de malaria son poco frecuentes, estos síntomas se pueden atribuir a otras enfermedades infecciosas comunes. La fiebre duradera, la anemia con déficit de plaquetas y también la ictericia (color amarillento en la piel y en las mucosas) obligan a retirar el diagnóstico de malaria hasta que no se tenga evidencia de lo contrario. La presencia de síntomas neurológicos, convulsiones, confusión mental, o problemas respiratorios, indican malaria grave (5% o más de glóbulos rojos parasitados). Una relación de estos síntomas de alarma son:

- Malaria cerebral: delirio, disminución o pérdida total de conciencia, conducta anormal,  convulsiones y anormalidad neurológica.
-Anemia grave por la destrucción o pérdida de los glóbulos rojos.
-Hemoglobina en la orina.
-Síndrome del distrés respiratorio agudo: reacción inflamatoria de los pulmones.
-Reducción de la capacidad de coagulación de la sangre.
-Baja presión arterial.

En los casos de infecciones causadas por P. ovale y P. vivax, el paciente recuperado de la primera fase de la enfermedad puede sufrir ataques adicionales o posibles recaídas pasados meses o incluso años sin síntomas, debido a la presencia en el cuerpo de formas hepáticas "dormidas" del parásito.

Se debe consultar al médico si se tiene dolor de cabeza y fiebre después de haber estado en una zona tropical.

Transmisión
La malaria se transmite de una a otra persona por la picadura de mosquitos anofeles infectados. En los personas, la forma infectante del parásito (los esporozoitos) migra al hígado, allí madura y se convierte en merozoito, que penetra en el caudal sanguíneo e infecta los glóbulos rojos.

Los parásitos se reproducen dentro de los glóbulos y, en un plazo de 48 a 72 horas, se rompen e infectan más glóbulos rojos. Es raro que la malaria se puede transmitir de la madre al feto. Otra vía de transmisión se asocia a las transfusiones sanguíneas que se realizan en países donde la enfermedad se transmite con mayor intensidad.

Diagnóstico
El diagnóstico y el tratamiento precoz de la malaria acortan la enfermedad, salva la vida y contribuye a amortiguar la transmisión.

En el examen físico, el especialista puede identificar una esplenomegalia (aumento de volumen del bazo), o una hepatomegalia (aumento de volumen del hígado). Hay varias maneras de confirmar el diagnóstico de la malaria: la más fácil y sencilla es el examen de una gota de sangre en el microscopio (a veces se necesita repetirlo a intervalos de 6 a 12 horas). Existen pruebas rápidas (análisis immunocromatogràficos o pruebas que se basan en la reacción de la cadena de la polimerasa) que determinan la presencia del protozoo en la sangre, pero no están disponibles en muchos sitios.

La OMS recomienda que se confirme el diagnóstico por el método que esté disponible antes de administrar el tratamiento. El tratamiento basado nada más que en la sintomatología se debe reservar para aquellos casos en que no hay posibilidad de diagnóstico microbiológico.

Tratamiento
La malaria, en especial la causada por el Plasmodium falciparum, es una emergencia médica que necesita hospitalización. La cloroquina es un antipalúdico que se había usado con frecuencia. En la actualidad, la presencia de casos frecuentes resistentes, ha llevado a la introducción y uso de una amplia gama farmacológica (atovaquona, artemèter, quinina) que admite su combinación. La elección del medicamento suele depender del origen geográfico del caso que se trate y del criterio médico.

Además de los fármacos, pueden necesitarse otras intervenciones sanitarias de soporte, como líquidos intravenosos, transfusiones de sangre y prevenciones de apoyo hemodinámico y respiratorio.

Con el tratamiento se obtienen buenos resultados en la mayoría de los casos, pero ante la infección con P. falciparum que conlleve  complicaciones, el pronóstico es grave.

Las posibles complicaciones de la malaria incluyen:
-Paludismo cerebral
-Anemia hemolítica
- Insuficiencia renal
-Insuficiencia hepática
-Insuficiencia respiratoria (distrés pulmonar)
-Hemorragias espontáneas

Prevención
La mayoría de los sujetos que viven en zonas donde la malaria es más común han desarrollado una parcial inmunidad a la enfermedad. En cambio los viajeros esporádicos a dichas zonas, deben tomar medicamentos preventivos. Es recomendable acudir al médico con bastante antelación al viaje, pues  el tratamiento puede empezar una semana antes de viajar a la zona de riesgo y continuar durante todo el tiempo de desplazamiento hasta un mes después del regreso.

Puesto que todos los medicamentos antipalúdicos acostumbran a tener efectos secundarios, una prescripción facultativa personalizada supone la valoración de cada caso específico. Es de vital importancia tomar la quimioprofilaxis según la pauta indicada por el médico y sin interrupciones.

Los niños  y las mujeres embarazadas son especialmente vulnerables a ésta enfermedad y se insiste en la importancia de la quimioprofilaxis.

Las personas que toman medicamentos preventivos antipalúdicos, en algún caso, pueden sufrir la enfermedad, aunque la posibilidad es muy baja. Por lo tanto, se debe seguir los consejos para evitar las picaduras de mosquito: vestirse con colores pálidos que cubran completamente piernas y brazos, aplicar repelentes en las partes del cuerpo que no están cubiertas, desinsectar la habitación habitualmente y dormir bajo mosquiteros tratados, si es posible, con insecticidas de acción prolongada.


En lo referente a la medicación con quimioprofilàctica, la cloroquina, a menudo asociada con el proguanil, sólo está indicada en zonas donde no prevalece Plasmodium falciparum, dada la creciente resistencia que el protozoo presenta. Para los viajeros que se van a las zonas donde existe malaria causada por Plasmodium falciparum hay varias opciones para tratamiento antipalúdico que contienen la mefloquina, la doxiciclina y la atovaquona / proguanil.