Ramas de la medicina: Endocrinología (Glándulas y Hormonas)

La Endocrinología es la parte de la ciencia que estudia las glándulas de secreción interna, es decir, aquellas que, sin conductos excretores, vierten directamente sus productos a la sangre.
La endocrinología se ocupa de la anatomía, bioquímica, fisiología y patología de aquellas glándulas. Según el método y los organismos estudiados se distinguen endocrinología clínica, que se refiere a la endocrino patología humana, y endocrinología experimental, fundamentalmente provocada en los animales de laboratorio.

Datos históricos. Los primeros atisbos de la existencia de glándulas endocrinas se atribuyen a Johannes Müller, que en 1830 hablaba ya de glándulas con conductos de salida o sin ellos. En realidad fue Berthold quien, 19 años más tarde, aportó la prueba experimental concluyente al demostrar que los efectos de la castración no se presentaban en el gallo si, después de extirpar los testículos, se reimplantaban en otra parte del cuerpo. Addison, en 1855, describió por primera vez una enfermedad endocrina como tal, al correlacionar la enfermedad que lleva su nombre con una destrucción de las cápsulas suprarrenales. Brown-Séquard, en 1899, hizo el primer intento de terapéutica rejuvenecedora mediante inyección de extractos testiculares, y aun prescindiendo de la discutible utilidad de tal indicación, es indudable que este médico francés contribuyó decisivamente al impulso de la investigación endocrinológica, hasta el punto de que muchos le consideran el fundador de la endocrinología.

A partir de él una pléyade de autores en todos los países polarizaron sus empeños científicos en este campo de la medicina y de las ciencias biológicas. En España destacó Gregorio Marañón.

Organización del sistema endocrino.
Comprende: las glándulas incretoras y su mecanismo de regulación; las hormonas que son los productos de reacción de aquellas glándulas, cuya circulación y destino en el organismo tienen también un gran interés fisiológico y clínico, y los efectores, constituidos por los órganos o tejidos capaces de responder al estímulo o inhibición ejercido por las hormonas. Es posible distinguir dentro del sistema endocrino unas glándulas órgano, anatómicamente diferenciadas, y otras que sólo de manera impropia podemos llamar glándulas, ya que sus células, si bien incretoras de hormonas, no están agrupadas, sino más o menos dispersas en diferentes órganos o difundidas por todo el organismo.

Desde otro ángulo, Means distinguió el sistema endocrino glandular, constituido por la mayoría de los órganos incretores, cuyas hormonas actúan sobre efectores focales, del Sistema paraendocríno, configurado sustancialmente por la medula adrenal y la neurohipófisis y caracterizado por los efectos generales y rápidos de sus hormonas y por un control nervioso directo de la increción. Combinando ambos puntos de vista cabría abarcar bajo el concepto de sistema endocrino en sentido amplio, los tres grupos citados: el sistema endocrino glandular, el sistema paraendocrino y el sistema endocrino difuso (hormonas hísticas).

Resulta todavía prematuro describir acabadamente el alcance de este sistema endocrino difuso, que además no todos admiten y al que quizá sólo incompletamente corresponde la inclusión, con igual rango funcional que los demás grupos, dentro del sistema endocrino. Comprendería: los por Hoff llamados órganos epiteliales endocrinos difusos; en el intestino, el órgano de células amarillas de Feyrter, relacionado con la secreción de serotonina; en el páncreas, el órgano excretor insular (Feyrter) de células claras, etc.

También dentro del concepto de sistema endocrino difuso, Sunder-Plasmann y Stóhr han querido distinguir un sistema neurohormonal como complejo celular ubicuo que tendría una posición especial dentro del sistema nervioso vegetativo. Está constituido, según los autores que lo han descrito, por células jóvenes, indiferenciadas, de potencia polivalente y de propiedades neuroplásticas, diferenciación neurofribilar de su protoplasma que comienza siempre en la proximidad del núcleo. Este sistema neurohormonal comprendería: los núcleos indiferenciados del tiroides, las células parafoliculares tiroideas de Nonidez, las células del hilio del tiroides en el recién nacido, las células intersticiales del testículo, los campos neurovegetativos de los receptores del seno carotídeo, las células neurótropas del hilio del ovario y las células de la teca interna del ovario.

Gobierno y regulación de la actividad endocrina.
Se ha hablado de “sistema” endocrino, y la primera cuestión que surge es si propiamente existe como tal. En efecto, las glándulas endocrinas, aunque anatómicamente dispersas en el organismo, aparecen coordinadas e interdependientes entre sí desde el punto de vista funcional, constituyendo un verdadero sistema, cuya unidad se pone de relieve tanto en el fisiologismo normal como en condiciones patológicas, por la repercusión inmediata que las variaciones de una de las glándulas determina en las demás y en el conjunto. Ésta es, pues, la primera característica de las glándulas endocrinas: en lugar de autonomía funcional, organización en sistema.

Dentro del sistema es posible distinguir sinergismo y antagonismo funcional de unas hormonas respecto de otras. Así, por ejemplo, aquellas que afectan a la regulación de la glucemia cabe agruparlas en un grupo insular y otro contrainsular.

La segunda nota que llama la atención en la disposición general del sistema endocrino, además de su unidad, es la jerarquía dentro del mismo, en virtud de la cual podemos hablar con propiedad de unas glándulas periféricas y de unos centros o glándulas rectoras. En este sentido es clásica la clasificación de la hipófisis como glándula suprema que, a través de sus trofinas o estimulinas, dirige un conjunto de glándulas periféricas: tiroides, suprarrenales, gónadas, etc.

Un análisis más detenido de esta jerarquía puso pronto de relieve que el supuesto gobierno supremo por parte de la hipófisis no era soberano ni absoluto, sino, a su vez, mediatizado por el mismo grupo de glándulas periféricas del sistema. Es decir, las glándulas reguladas son, al mismo tiempo, regulantes del regulador, si se permite la redundancia. Este dispositivo de autorregulación recíproca dentro del sistema, que se ha llamado también axial o circular, constituye en realidad un ejemplo biológico de “servomecanismo” o feed-back.

Funciones del sistema endocrino.
Las glándulas endocrinas, y concretamente sus productos, las hormonas, tienen como fin la correlación humoral dentro del organismo; es decir, por una parte lograr la integración o unificación funcional de las partes en el todo, y de otra, servir a la homeostasis, o sea a la constancia del medio interno. Fueron Claude Bernard y Brown Séquard los adelantados en esta materia que expusieron la necesidad y los fines de las increciones en la conservación de aquellas constantes.

Ya se comprende el nexo íntimo entre el sistema endocrino y el metabolismo: para ello las hormonas controlan directamente las enzimas y otros componentes bioquímicos intracelulares o de la membrana celular, posibilitando o favoreciendo determinadas reacciones ligadas, por ejemplo., con la proteinogénesis o con la entrada de principios inmediatos, como la glucosa, en el interior de la célula. Por otra parte, las hormonas tienen una dependencia, en su producción, respecto de determinadas enzimas; la deficiencia congénita de éstas constituye la base patogenética de algunas enfermedades endocrinas en las que un bloqueo metabólico, por la carencia de la enzima, impide la “terminación” química del producto último que es la hormona.

Una mutua relación parecida observamos entre hormonas y genes: por una parte, los genes presiden el desarrollo y actividad del sistema endocrino, y a su vez las hormonas, en su mecanismo de acción, pueden influir sobre determinados genes de las células constituyentes de los órganos efectores, desbloqueándolos de sus represores y permitiendo que moldeen moléculas de ácido ribonucleico mensajero capaces de actuar sobre estructuras citoplasmáticas proteinopoyéticas o con otras funciones metabólicas.

El sistema endocrino presenta también
relaciones íntimas y mutuas con el sistema nervioso. En 1926 Gley afirmaba que el funcionamiento de las glándulas endocrinas es independiente del sistema nervioso.
Posteriormente, la observación de los reflejos opto-pigmentarios y opto-sexuales, así como los estudios anatómicos, pusieron de relieve las íntimas relaciones que existen entre ambos sistemas, llegándose a describir, como enclave neuroendocrino, el que pasó a llamarse sistema diencéfalo-hipofisario.

Efectivamente, los estudios de los últimos años han puesto de relieve la existencia, en el tallo hipofisario, de un doble nexo de comunicación entre el hipotálamo y la glándula pituitaria: por una parte, las fibras nerviosas que parten de los centros hipotalámicos y que van al lóbulo posterior de la hipófisis, y por otra, el sistema porta, vascular descendente, que vehicula sustancias de procedencia hipotalámica y las conduce hasta la prehipófisis.

Este último hallazgo anatómico ha permitido confirmar el concepto de neuricrinía, es decir, la capacidad de increción hormonal por parte de células nerviosas, pero además ha trasladado la suprema jerarquía del sistema endocrino a este nuevo piso neurológico constituido por el hipotálamo incretor. En los últimos años se ha podido confirmar la existencia y describir la composición química de varios de estos mediadores diencéfalo-hipofisarios, llamados también agentes o sustancias neurohormonales o factores liberadores de las respectivas tropinas prehipofisarias.