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Neurosis, Tipos de Neurosis. Tratamiento

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Neurona vista a través de un microscopio
La Neurosis es el término con que se designa un extenso grupo de afecciones mentales cuyos rasgos diferenciales más importantes con respecto a las psicosis (el segundo gran grupo de trastornos psiquiátricos) son que el enfermo es capaz de conocer su realidad y que no pueden demostrarse alteraciones anatomopatológicas.

El término neurosis, acuñado en la segunda mitad del s. XVIII por Gullen, médico escocés, para referirse a una serie de enfermedades supuestamente nerviosas y para las que en su época no se conocía explicación orgánica alguna, se fue limitando después a medida que se descubría la etiología orgánica de algunas de las enfermedades primitivamente incluidas en este grupo (enfermedad de Parkinson, corea y parálisis general progresiva.

A lo largo de la historia de la medicina, el calificativo de neurosis se ha utilizado en la práctica como cajón de sastre para todas las alteraciones de supuesto origen nervioso y causa desconocida. Es una de aquellas palabras que, tanto en su uso médico como en el vulgar, que la equipara imprecisamente a nerviosismo, manías, simulación, falta de voluntad, etc., se han usado indiscriminadamente y a menudo con un matiz despreciativo que aún perdura.

En el s. XIX y comienzos del XX el interés mostrado por algunas figuras médicas de prestigio (Chareot, Janet y Freud, principalmente) por el estudio de la histeria y de los fenómenos psicológicos de la sugestión y el hipnotismo abocó a la superación de los prejuicios de todo tipo (animistas, supersticiosos, religiosos, etc.) que presidían hasta aquellas épocas las explicaciones dadas a las conductas anómalas en general, y llevó a la consideración de las neurosis como trastornos de la personalidad, y, en consecuencia, de los neuróticos como enfermos, abriéndose así un capítulo importantísimo de la medicina moderna: el de la medicina psicológica, que había de fecundar el conocimiento de la mente humana y enriquecer psicológicamente la psiquiatría y la medicina.

En psiquiatría la neurosis sigue siendo un término genérico que sirve para agrupar una serie de deficiencias y trastornos emocionales frente a otro gran grupo de enfermedades mentales, el de la psicosis.

Ambos tipos de enfermedad mental se diferencian porque en la neurosis está aparentemente conservada la capacidad de conocer la realidad y de adaptarse a ella, si bien a costa de un esfuerzo y un sufrimiento excesivos que sitúan al neurótico en los limites del equilibrio psicológico normal, mientras que en las psicosis las funciones de conocimiento de la realidad y de adaptación parecen quebradas por procesos mentales anormales que hacen que el mundo del sicótico sea un mundo extraño e incomprensible para la mente "sana". 


El neurótico también modifica involuntariamente la percepción del mundo real y su respuesta al mismo, pero mediante mecanismos que no son en último término más que una exageración caricaturesca de las distorsiones afectivas que hacen que la realidad sea normalmente percibida, sentida y vivida de forma diferente por cada persona.

Una de las grandes aportaciones de Freud a la psicología de la neurosis ha sido la de comprender y demostrar clínicamente que, a pesar de las aparentes diferencias entre la normalidad, la neurosis y la psicosis, no existen diferencias cualitativas o esenciales, sino una escala cuantitativa que lleva insensiblemente desde la primera a una y otra forma de enfermedad.

La neurosis es, en último término, un trastorno de la adaptación de la persona a su propia realidad y a la del mundo que la circunda. Supone siempre un grado de insatisfacción de las pulsiones básicas (sexuales y agresivas) y una incapacidad del Yo para cumplir su función de satisfacción de tales necesidades de acuerdo con la percepción de las mismas, el conocimiento de la realidad externa y la capacidad de integrar estos datos y armonizarlos entre si y con las exigencias morales del super Yo.

Ante el conflicto fundamental entre las tendencias instintivas, las normas morales y las posibilidades reales de satisfacción, el Yo inmaduro del neurótico recurre a mecanismos de defensa rígidos e inadecuados que le llevan a un apartamiento de la realidad y a la búsqueda de satisfacciones sustítutivas de naturaleza fantasiosa y simbólica. Las satisfacciones sustitutivas neuróticas nunca consiguen un alivio completo de las necesidades instintivas, que siguen presionando y producen un estado de tensión emocional que se traduce en la vivencia subjetiva de la angustia neurótica.

Para clasificar las neurosis, enfermedades eminentemente personales y, por tanto, muy variables en su forma y contenido, es útil distinguir entre síntoma neurótico y personalidad neurótica. El síntoma neurótico es una fórmula de compromiso entre las tendencias conflictivas que lucha por expresarse; es, por decirlo así, la solución imperfecta que el Yo encuentra para hacer compatibles los impulsos instintivos (pulsiones) del Ello, por un lado, y la realidad y las normas morales del super Yo, por el otro. Aunque en la práctica es difícil encasillar en un diagnóstico concreto cada caso individual de neurosis, los síntomas suelen presentarse asociados en constelaciones más o menos típicas que permiten una clasificación de índole descriptiva.

Así se distinguen síntomas histéricos, fóbicos, obsesivos, etc., correspondientes a las llamadas neurosis histérica, fóbica, obsesiva, etc. La personalidad neurótica ofrece unos rasgos generalmente comunes a todas las formas clínicas de neurosis (inmadurez emocional, egocentrismo, dificultades en las relaciones personales y sociales, impulsividad, tendencia a la repetición estereotipada de las mismas actitudes defensivas con pocas posibilidades de ser modificadas por efecto de la experiencia, etc.).
Junto a éstos, que se deben al desarrollo insuficiente o anómalo de la personalidad, hay otros rasgos que parecen darse con más frecuencia en cada una de las formas clínicas de neurosis (personalidad histérica, personalidad fóbica, personalidad obsesiva, etc.) y que dependen más del tipo de mecanismos de defensa preponderantemente usado por el Yo y de la organización de éstos como rasgos constitutivos del carácter.

Neurosis de angustia. La neurosis de angustia es la manifestación clínica de un estado de ansiedad producido por una estimulación que abruma al Yo y amenaza rebasar sus posibilidades de adaptación. La estimulación puede ser de origen interno o externo; ejemplo del primer caso es el de las necesidades básicas insatisfechas (sexo, hambre, descarga de agresión, etc.), y del segundo, toda situación externa que comporta una amenaza de aniquilación para el individuo y que éste no puede controlar (guerras, catástrofes, etc.).

En el segundo caso la neurosis de angustia resultante recibe el nombre de neurosis traumática. Las neurosis traumáticas son reacciones de pánico incontrolado y persistente que no se explican únicamente por el peligro externo y para las que hay que aceptar también un factor neurótico ligado a la personalidad del paciente, pues sólo puede hablarse de neurosis cuando la reacción se caracteriza por una falta de adaptación a la situación real (paralización ante el peligro,) y se prolonga excesivamente después de pasada la situación desencadenante.

La ansiedad o angustia es un sentimiento parecido al miedo, pero se diferencia de éste en que carece de objeto real que la justifique: es un estado de alerta, de expectación de un peligro ignorado e indefinido, producido en última instancia por el miedo a los propios impulsos y necesidades, de los que no es posible huir. Hablando con propiedad debería reservarse el nombre de ansiedad para el componente emocional de este estado afectivo, y el de angustia para el cortejo de síntomas neurovegetativos que le acompañan (palidez, palpitaciones, temblor, sudoración, etc.). La angustia neurótica, expresión del conflicto entre las necesidades y las posibilidades de satisfacerlas adecuadamente, se encuentra siempre en el fondo de toda neurosis.

La neurosis de angustia, en la que ésta es todavía el síntoma más destacado, puede hacerse crónica, pero en general tiende a evolucionar hacia una organización más estable con la aparición de otros síntomas neuróticos que permiten cierto grado de satisfacción sustitutiva y alivian así ese estado tan desagradable de angustia indefinida o flotante. A la angustia permanente de la neurosis de angustia se añaden en ocasiones las llamadas crisis de angustia, desencadenadas por situaciones objetivas y subjetivas que recrudecen el conflicto y que a menudo son difíciles de descubrir porque tienen un carácter meramente simbólico y personal.

Las crisis de angustia se caracterizan por una exacerbación de la ansiedad y de los síntomas neurovegetativos y una sensación de muerte inminente; son una de las situaciones más alarmantes y en las que con mayor frecuencia se requiere la presencia urgente del médico, pues el paciente se siente morir e interpreta sus síntomas como un fallo orgánico (Por ejemplo, ataque cardíaco,).



Neurosis histérica. La histeria es una neurosis que se caracteriza primordialmente por la resolución neurótica de la situación de conflicto mediante los denominados síntomas de conversión somática. El histérico "convierte" la energía psíquica de las pulsiones o necesidades causantes de angustia en inervaciones somáticas que originan síntomas físicos que tienen un sentido inconsciente de satisfacción sustitutiva y parcial de aquellas pulsiones y son a la vez expresión simbólica del conflicto.

Los síntomas son muy variados y pueden afectar a las inervaciones musculares o vegetativas en forma de inhibición o excitación. Síntomas de inhibición son, las parálisis musculares o la afonía; de excitación lo son las contracturas, los ataques de nervios con convulsiones o los vómitos. Un histérico puede expresar el conflicto entre un impulso sexual y su temor al mismo vomitando, como expresión de rechazo, cada vez que alguna situación le estimula sexualmente o amenaza estimularle.

Igualmente puede expresar el conflicto entre un impulso agresivo y su repulsa sufriendo una parálisis del brazo con el que hubiera deseado materializar la agresión. Todas estas significaciones, como ocurre con todos los síntomas neuróticos, permanecen inconscientes para el individuo que sufre el síntoma.

Aparte los síntomas de conversión, la histeria se caracteriza también por un tipo de personalidad emocionalmente inestable, muy sugestionable, dado a la dramatización de sus vivencias y sus expresiones, a la creación mitómana de situaciones imaginarias y a la erotización seductora de las relaciones personales.

Neurosis fóbica. La neurosis fóbica está mucho más directamente ligada a la neurosis de angustia que las otras y se presenta siempre tras un periodo de ansiedad. El síntoma fóbico se produce mediante un desplazamiento de la causa de la angustia a un objeto concreto, lo que aporta un alivio de angustia convirtiéndola en miedo a una determinada situación o cosa y sustituyendo la causa interna del conflicto por una causa externa, ante la que el paciente puede recurrir a conductas defensivas que constituyen un acompañamiento constante del síntoma y reciben el nombre de maniobras contra fóbicas. Éstas pueden ser pasivas (huida o evitación del objeto fóbico) o activas (tranquilización buscando seguridad o protección).

Las fobias son múltiples y muy variadas y pueden recaer sobre un objeto (animales, personas o cosas) o una situación (miedo a los espacios abiertos, a la altura, a los exámenes, etc.). Se acostumbra denominarlas con el nombre griego del objeto fóbico seguido de la palabra fobia. agorafobia (miedo a los espacios abiertos), claustrofobia (miedo a los espacios cerrados), aracnofobia (miedo a las arañas), etc. La defensa fóbica suele ser poco eficaz y no consigue una neutralización suficiente de la ansiedad, por lo que es frecuente que se extienda progresivamente abarcando cada vez más objetos y que las conductas contrafóbicas de evitación y tranquilización vayan limitando cada vez más las posibilidades de realización personal y social del enfermo.

Neurosis obsesiva. La neurosis obsesiva es la más fija y organizada de las neurosis y la que, en sus formas bien desarrolladas, da la impresión de ser más extraña y ajena a la normalidad, a pesar de que pequeñas obsesiones transitorias son frecuentes en ciertos momentos de la infancia y en la adolescencia. Se caracteriza por la aparición forzada en la conciencia de sentimientos, pensamientos o deseos que el enfermo siente extraños a sí mismo, sin que por ello pueda apartarlos de su mente.

La vida del obsesivo se convierte así en una lucha continua contra estos parásitos mentales que se le imponen contra su voluntad y que le atormentan indeciblemente, pues suelen tener un contenido hostil o agresivo que entra en grave conflicto con una personalidad a menudo moralmente rígida y exigente. Los sentimientos de culpa son la regla, y contra ellos el paciente recurre a una serie de maniobras reparadoras y expiatorias cargadas de simbolismo inconsciente, muy ligadas al pensamiento mágico y arcaico, y organizadas rígidamente en forma de rituales obsesivos, modo de defenderse contra los sentimientos o ideas obsesivos que adquiere a su vez un carácter obsesivo.

Existe una enorme variedad de ideas obsesivas, así como una extensa lista de complejos rituales de defensa; un ejemplo lo puede constituir el de un enfermo que vivió atormentado por la representación obsesiva de que algún ser querido va a morir si él no realiza regularmente determinado ritual, como puede ser detenerse cada 100 metros para dar una vuelta completa sobre si mismo, rezar determinada oración cada dos horas o pronunciar en voz alta cierta frase mágica cada vez que alguien estornuda delante de el.

Las obsesiones y los rituales pueden llegar en algunos casos a complicarse hasta tal punto que al enfermo le sea imposible encontrar un equilibrio mínimo que le permita llevar una vida social y cumplir con sus obligaciones laborales y familiares. Otros muchos sí lo consiguen, aunque a costa de un esfuerzo titánico y un sufrimiento desmesurado.

Neurosis de carácter. En la neurosis de carácter el síntoma, que en las demás neurosis es sentido por el paciente como algo extraño a su personalidad, que es causa de sufrimiento y contra lo cual procura más o menos luchar, es sustituido por un rasgo de carácter. La sintomatología de la neurosis de carácter consiste en la propia deformación del carácter, de modo que constituye parte de la personalidad del paciente y éste ni lo considera patológico ni se siente enfermo. Es quizá la forma más corriente de neurosis y puede decirse que en todo carácter, por normal que parezca, hay siempre rasgos que tienen un significado neurótico por haber sido incorporados a la personalidad con fines defensivos contra ansiedades neuróticas. Estos rasgos se distinguen por su rigidez, que les hace mantenerse firmemente sin dejarse influir por la experiencia ni la reflexión.

El concepto de neurosis de carácter se confunde con el de trastornos de conducta y personalidad psicopática. En general la neurosis de carácter conduce a tipos de relación humana conflictiva. La pasividad y la dependencia excesiva de los demás, o, por el contrario, la necesidad de mostrar una conducta de autoafirmación obstinada son ejemplos de rasgos neuróticos del carácter.

La personalidad neurótica tiene sus raíces, por una parte, en factores constitucionales predisponentes y poco conocidos y, por otra, en las primeras experiencias de la infancia. Si bien las experiencias ulteriores pueden modificar la estructuración neurótica de la personalidad y hacerla más flexible, más capaz de una integración adecuada de todas las funciones del Yo y, por tanto, de una mejor adaptación a la realidad, se comprende que, como toda estructura, ofrezca gran resistencia a los cambios internos y tienda a perpetuarse inmodificada o con un mínimo de modificaciones.

Los síntomas neuróticos son más fácilmente cambiables puesto que, en el fondo, no son más que la expresión de las formas y tácticas con que la personalidad neurótica busca la satisfacción sustitutiva de sus necesidades básicas que le permita la supervivencia. Ante presiones o influencias externas es posible que el síntoma desaparezca, generalmente para ser sustituido por otro. Esto permite que se produzcan aparentes "curaciones" espontáneas de la neurosis, que no son tales si se tiene en cuenta que la personalidad neurótica y, por tanto, su potencial generador de nuevos síntomas, no se ha modificado.

Hay neuróticos que consiguen un grado de adaptación aceptable y un equilibrio emocional relativo que sólo se rompe algunas veces ante situaciones extremas. A estos desequilibrios más o menos pasajeros desencadenados por situaciones conflictivas se les llama "reacciones neuróticas".

Tratamiento. El tratamiento de la neurosis se divide, como todo tratamiento médico, en tratamiento sintomático y tratamiento causal. El primero tiene por objetivo la desaparición de los síntomas, principalmente de aquellos que causan más sufrimiento al paciente y a quienes les rodean. El segundo se propone la modificación estructural de la personalidad a la que se hace referencia en el apartado anterior.

El tratamiento causal exige un marco de relación personal que ofrezca al paciente la posibilidad de aprender y estructurar nuevas formas de relación consigo mismo y con los demás.  Para el mero tratamiento sintomático pueden utilizarse numerosos recursos, que van desde la persuasión, la sugestión y la hipnosis hasta la elevación del umbral de ansiedad con el uso de los modernos psicofármacos.

Trombosis, tipos de trombosis, causas y tratamiento



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La Trombosis es un proceso de formación y desarrollo de un trombo y cuadro ocasionado por el déficit de irrigación sanguínea que origina.
Las trombosis pueden ser arteriales o venosas, aunque en el primer caso suele tratarse más bien de embolias procedentes de otros puntos de localización. Se da el nombre de trombosis venosa a la formación de un coágulo hemático en el interior de una vena. Para que ello se produzca suele ser necesaria la concurrencia de factores tales como las alteraciones en el mecanismo de la coagulación, lesiones en el endotelio venoso y remanso circulatorio.
Desde el punto de vista anatomopatológico y patogenético, se distinguen tres tipos fundamentales de trombosis venosa:

1) Las flebotrombosis, en las que se forma un coágulo intravenoso no inflamatorio ni infeccioso, debido generalmente a estasis, fácilmente desprendible y por tanto embolizable. Como factores predisponentes están, sobre todo, la obesidad, la diabetes y el estado puerperal, así como la senectud. Se distinguen tres clases de trombos: rojos, formados por una distribución homogénea de trombocitos y leucocitos sobre una matriz de hematíes y fribrina; blancos, compuestos de estratos de plaquetas y leucocitos con una matriz de fibrina, y mixtos, formados por un trombo blanco (cabeza), un trombo laminado rojo y blanco (cuerpo), y otro trombo rojo (cola).

Cuando un trombo se desprende puede decirse que hace pocos minutos que se ha formado, ya que una vez transcurridas varias horas su embolización es muy difícil. Las flebotrombosis se presentan sobre todo en las cardiopatías, algunas hemopatías (sobre todo cuando hay aumento de plaquetas), estados de convalecencia y enfermos traumáticos que deben permanecer inmóviles mucho tiempo. La mayoría de las trombosis afectan a las ramas de la vena cava inferior, sobre todo la vena femoral, aunque el punto primitivo suele radicar en las venas del segmento desde la rodilla hasta el pie.

El primer síntoma de la trombosis es tardío y consiste en la aparición de dolores a lo largo de la vena ocluida. Cuando la trombosis afecta a las piernas, el dolor se percibe con frecuencia en la planta del pie y la pantorrilla, sobre todo al hacer la flexión dorsal del primero; más adelante se eleva la frecuencia del pulso y aparece muchas veces fiebre. La palpación percibe el endurecimiento de la pared venosa. La complicación más frecuente es la embolia pulmonar, que se produce cuando el trombo mal adherido se desprende y circula hasta detenerse en una rama mayor o menor del círculo pulmonar, según su tamaño.

A veces, estas embolias son anteriores a la aparición de los síntomas de la trombosis. Esta presenta una forma especial, la llamada trombosis de esfuerzo. Consiste en la aparición súbita de dolor, casi siempre a nivel de los gemelos, después de andar un rato o efectuar algún esfuerzo deportivo, observándose posteriormente una equimosis en la pantorrilla.

El tratamiento de las trombosis es fundamentalmente preventivo, es decir, levantando y movilizando precozmente a los enfermos encamados, sobre todo si son de edad avanzada, y tratando todos los procesos médicos o quirúrgicos susceptibles de ocasionarlas. Una vez producida la trombosis hay que proceder a un reposo de tres o cuatro semanas, para evitar la movilización del trombo, y a un tratamiento médico básicamente anticoagulante.

2) Tromboflebitis es la inflamación séptica, alérgica o química de la pared venosa que origina la formación de un trombo íntimamente adherido a la endovena, razón por la cual son aquí menos frecuentes las embolias que en la flebotrombosis. A pesar de todo, el reblandecimiento purulento del coágulo puede dar lugar a embolias sépticas a distancia, típicas de las llamadas sepsis tromboflebíticas, que casi siempre se producen a partir de anginas o flemones, otitis, endometritis, varices infectadas, etc. A partir de estas infecciones, las venas de la vecindad se inflaman y aparece el cuadro tromboflebitico, con fiebre, aceleración del pulso y síndrome de impregnación tóxica.

Al tacto se aprecia un cordón indurado y caliente con edema y frecuente impotencia funcional, ofreciendo un aspecto enrojecido y con dolor espontáneo a lo largo de la vena. La forma más grave de la enfermedad flebítica es la llamada forma clínica masiva o Phiegmasia coerulea dolens, que se debe a una invasión brutal y coagulación masiva de toda la sangre venosa contenida en una extremidad, acompañada de arteriospasmo reflejo. Toda la extremidad aparece de un color azulado, con peligro de gangrena a causa de la isquemia arterial refleja. Hay otra forma clínica llamada varicoflebitis o flebitis del sistema superficial afluente de las safenas, que puede presentarse en personas afectas previamente de varices.

Su tratamiento es básicamente quirúrgico, en tanto que la terapéutica de las restantes tromboflebitis es médica, en principio, con anticoagulantes, elevación de las extremidades, etc.

3) Tromboflebitis migratoria y tromboflebitis recurrente. La primera ofrece la particularidad de mostrar tendencia a saltar de una vena a otra, afectando sucesivamente a diversos segmentos del sistema venoso superficial o profundo. Sus síntomas principales son la afectación de trozos cortos de venas pequeñas o medianas; flebitis reiterativas, que cada vez afectan a troncos venosos distintos y tendencia a la curación espontánea en días o semanas sin motivar embolias.

Las trombosis arteriales son casi siempre trombo embolias y afectan en la mayoría de los casos a enfermos cardiópatas. El trombo suele formarse en la aorta y otras arterias principales, dando lugar a un cuadro de oclusión aguda con dolor vivo e intensísimo. La trombosis arterial verdadera obedece más bien a procesos arteriosclerosos de tipo obliterante, hematomas disecantes, traumatismos locales, etc.

No obstante, el cuadro clínico a que da lugar es la mayoría de las veces igual al de la embolia, presentándose casi siempre en personas de más de 60 anos. La trombosis arterial aguda comporta la anulación o disminución acentuada del riego sanguíneo del territorio propio con los consiguientes riesgos de gangrena o infarto. Su tratamiento puede ser médico o quirúrgico y en este último caso debe precederse muchas veces a la extracción del trombo.

Psicosis tipos de Psicosis, Causas terapia y Tratamiento.



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La PSICOSIS es una enfermedad mental de carácter grave y que desorganiza la personalidad; constituye en clínica psiquiátrica un grupo heterogéneo de enfermedades que se opone clásicamente al de las neurosis

La oposición entre psicosis y neurosis tiene una indudable utilidad práctica, pero los criterios en que se funda no están claramente definidos y los avances de la psiquiatría moderna más bien tienden a mostrar que las fronteras trazadas entre neurosis y psicosis son artificiosas y que existe un continuo entre la normalidad psíquica, la neurosis y la psicosis.

En general las psicosis desorganizan más la personalidad, perturban el criterio de realidad o capacidad de discernir entre la realidad interna y psicológica y la externa, y con ello facilitan la confusión mental y alteran profundamente las relaciones interpersonales del paciente y su funcionamiento social. El psicótico proyecta en el mundo externo sus propios deseos y temores inconscientes y primitivos, distorsiona así la percepción de la realidad a través de los delirios y las alucinaciones y crea el mundo en que vive, mundo en el que la fantasía se mezcla con la realidad y la transforma.

Desde el punto de vista psicodinámico los síntomas psicóticos constituyen una regresión a las fases más primitivas del desarrollo infantil, a aquellas en que no se ha establecido todavía una distinción clara entre mundo externo e interno, entre realidad y fantasía, entre objetivo y subjetivo.

Las psicosis se clasifican en psicosis sintomáticas, orgánicas o tóxicas, y psicosis funcionales. Las primeras se deben a un proceso de desorganización lesional o tóxica de los tejidos cerebrales, mientras que las segundas carecen de causa conocida y son el objeto principal de las discusiones entre psiquiatras organicistas (que suponen que todas las psicosis obedecen a algún trastorno de tipo orgánico, aunque éste permanezca desconocido) y funcionalistas o psicogeneticistas (partídarlos de la etiología funcional o psicogenética de las psicosis).

Psicosis sintomáticas. Este grupo abarca todos los trastornos mentales de tipo psicótico que surgen como consecuencia de una afectación lesional o tóxica del cerebro. Se caracterizan por una sintomatología confusional en los casos agudos y transitorios, y por una desestructuración demencial de la personalidad en los casos de evolución crónica. Su curso agudo o crónico depende directamente de la naturaleza aguda o crónica de la afectación original. Se incluyen aquí los síndromes asociados a traumatismos cerebrales, trastornos seniles y arterioscleróticos, lesiones, sifilíticas tardías (como la parálisis general progresiva), alteraciones neurológicas crónicas de causa dudosa o desconocida (esclerosis múltiple, corea de Huntington, enfermedades de Pick y Alzheimer), intoxicación alcohólica, toma de algunos medicamentos, trastornos de la nutrición (como en la pelagra y la anemia perniciosa) y trastornos del metabolismo y las glándulas de secreción interna.

Se trata de un grupo de enfermedades muy amplio en el que se encuentran la medicina interna, la neurología y la psiquiatría y en el que el papel de ésta tiene a menudo un carácter secundario.

Psicosis funcionales. Tienen mayor interés psiquiátrico que las anteriores, por cuanto constituyen enfermedades graves de la personalidad sin causa orgánica apreciable y son el verdadero banco de pruebas de toda teoría psicopatológica. Según un criterio puramente clínico y descriptivo se clasifican en psicosis esquizofrénica y psicosis maniacodepresiva. Es interesante la observación de que uno y otro tipo de psicosis inciden con más frecuencia en las llamadas personalidades prepsicóticas, sin que ello quiera decir que toda personalidad prepsicótica haya de abocar necesariamente a la enfermedad psicótica.

La personalidad preesquizofrénica se caracteriza por un biotipo asténico (predominio de los diámetros longitudinales sobre los transversales, pecho hundido y perfil de pájaro) y un psicotipo esquizoide (introversión, insociabilidad, extravagancia); la premaniaco-depresiva, por un biotipo pícnico (predominio de diámetros transversales, tendencia a la obesidad) y un psicotipo cicloide (extroversión, oscilaciones periódicas del humor entre la alegría y la tristeza). Esta circunstancia apunta a la influencia de factores constitucionales y, probablemente, hereditarios, por lo menos en la predisposición a la psicosis.

Psicosis esquizofrénica. La esquizofrenia es una enfermedad mental que aparece generalmente en la pubertad o juventud y que se caracteriza por un trastorno global de la personalidad, que afecta al pensamiento, al lenguaje, la afectividad y la conducta en general, y por su tendencia a la evolución crónica con desorganización progresiva de la personalidad. Su incidencia llega casi al 1 % de la población general. La cuarta parte de los ingresos en los hospitales psiquiátricos corresponde a esquizofrénicos, quienes ocupan aproximadamente, dada su tendencia a la cronicidad, el 60 % de las camas de dichos hospitales.

Los síntomas más peculiares y llamativos son el bloqueo psíquico, la experiencia de algo insólito y amenazador presente en el ambiente y que pronto cristaliza en ideas delirantes y alucinaciones y lleva al uso de neologismos personales y extravagantes, porque el lenguaje normal no permite expresar una experiencia tan fuera de lo habitual.
También son típicos el sentimiento de perplejidad y los trastornos de la afectividad, que van desde la incongruencia emocional al aislamiento y la indiferencia. La conducta suele ser extravagante e incomprensible si no se aborda a través del conocimiento de las vivencias  personales y delirantes del enfermo. En general se distinguen cuatro variedades de esquizofrenia. 

La esquizofrenia simple tiene un inicio precoz y se caracteriza por su mayor tendencia a la cronicidad y su pobreza sintomática, limitada fundamentalmente a la esfera afectiva y a las quejas hipocondríacas. La hebefrenia es parecida a la anterior, de la que se distingue por el aspecto "estúpido" del paciente y por seguir un curso aún más grave y desintegrador. En la esquizofrenia catatónica predominan los síntomas psicomotores: el enfermo está totalmente aislado del mundo, no habla ni reacciona a los estímulos y puede permanecer largos períodos (semanas, meses o incluso años) en posición estatuaria, conservando la postura en que se le deja (flexibilidad cérea). La esquizofrenia páranmele es la más frecuente; su comienzo suele ser insidioso y más tardío (se registra con mayor frecuencia hacia los 30 años) y en su sintomatología predominan las ideas delirantes de auto referencia y de persecución. Por lo general se presenta en personas que ya anteriormente manifestaban rasgos paranoides en su carácter.
Psicosis maniacodepresiva. Es una forma de psicosis que difiere mucho de la esquizofrénica tanto por su sintomatología como por su evolución. La sintomatología se caracteriza por accesos de manía o de depresión, de duración relativamente breve (semanas o meses), que pueden alternarse o bien sucederse como crisis repetidas de un mismo tipo. Entre las diversas crisis se intercalan periodos lúcidos que se caracterizan por una normalidad aparente (a excepción de rasgos de carácter propios de la personalidad prepsicótica ciclotímica) y una duración variable, que puede llegar a ser de años e incluso del resto de la vida en ciertos casos que sólo sufren una única crisis de tipo maníaco o depresivo.

La edad de presentación de la primera crisis suele ser por término medio más tardía que la de inicio de la esquizofrenia. Se está generalmente de acuerdo en que los factores hereditarios y constitucionales son más evidentes en la psicosis maniaco-depresiva que en la esquizofrenia.

Tratamiento de las psicosis. El tratamiento de las psicosis orgánicas es fundamentalmente el de su enfermedad causal, secundado por una terapéutica psicofarmacológica sintomática. En cuanto a las psicosis funcionales, antes casi siempre de mal pronóstico y que obligaban frecuentemente a medidas de reclusión más protectoras que terapéuticas, se han producido cambios radicales en las últimas décadas, que han revolucionado el panorama psiquiátrico.

Las técnicas terapéuticas actuales se dividen en tratamientos biológicos, farmacoterapia, psicoterapia y tratamiento institucional, y pueden asociarse entre sí en distintas formas. El tratamiento biológico más empleado todavía es el electrochoque, que a pesar de practicarse mucho menos que hace unos años, sigue teniendo sus indicaciones, especialmente en las depresiones graves con peligro de suicidio. Los psicofármacos se utilizan en gran escala con buenos resultados.

Las técnicas psicoterápicas son variadas y van desde la simple psicoterapia de apoyo, que ayuda a algunos enfermos a controlar sus síntomas y a mantener un equilibrio suficiente para seguir una vida socialmente útil, hasta la psicoterapia profunda de tipo psicoanalítico encaminada a conseguir una modificación duradera de las estructuras psicológicas del psicótico. El tratamiento institucional, que comenzó como un intento de humanización del ambiente de los antiguos manicomios, para convertirlos en verdaderos hospitales psiquiátricos, ha adquirido últimamente gran importancia y se ha llegado a la creación de las denominadas comunidades terapéuticas, que tienden a responsabilizar a los enfermos de su propia vida en la institución y a reinsertarlos en la sociedad.


Que es un Síndrome? | Cuantos Síndromes hay?


En medicina, un síndrome es una enfermedad o un grupo de síntomas que le da algún significado a una enfermedad y tiene una identidad específica debido a sus características específicas; es decir, un conjunto significativo de síntomas y signos (datos semiológicos) coherentes en el tiempo y la forma y que tienen diferentes causas o etiologías.

Cada síndrome es una entidad clínica que atribuye un significado especial o general a las manifestaciones semiológicas que lo componen. El síndrome es multifisiológico porque tales manifestaciones semiológicas pueden ser causadas por varias causas.

De esta manera, es común distinguir entre formas primarias y secundarias del mismo síndrome. Las formas primarias corresponden a síndromes que no están asociados con una etiología o enfermedad conocida, mientras que las formas secundarias están asociadas con síndromes de este tipo con una etiología conocida o al menos clínicamente con otra enfermedad. Por ejemplo, el síndrome de Raynaud describe un trastorno vasomotor que afecta principalmente las manos y puede aparecer como una forma primaria / idiopática o puede estar asociado con muchas causas, como enfermedades autoinmunes, hematología, medicamentos, etc.

Aunque, por definición, el síndrome y la enfermedad son entidades clínicas con un marco conceptual diferente, hay situaciones en la patología que hacen difícil identificar correctamente ciertos procesos en una categoría u otra. Ver Wikipedia

Aquí tienes un listado completo de los síndromes que existen más comunes, raros, de tipo psicológico, síndromes genéticos cromosómicos, síndromes genéticos de niños y neurológicos entre otros, de difícil cualificación. Todos ellos te llevan a la descripción que da Wikipedia de los mismos.

A
·         Síndrome de Aarskog-Scott
·         Síndrome ABCD
·         Síndrome de abstinencia
·         Síndrome de Achard
·         Síndrome de Achard-Thiers
·         Acrodisostosis
·         Síndrome de Adie
·         Síndrome aerotóxico
·         Síndrome de Aicardi
·         Síndrome de Alagille
·         Enfermedad de Alexander
·         Síndrome de Allgrove
·         Síndrome de Alport
·         Síndrome de Alström
·         Síndrome de alta exposición
·         Síndrome de Angelman
·         Síndrome antisintetasa
·         Síndrome aórtico agudo
·         Síndrome de aplastamiento
·         Artritis reactiva
·         Síndrome de Asherman
·         Síndrome de Asperger
·         Trastorno por atracón

B
·         Síndrome de Björnstad
·         Síndrome de Bálint
·         Síndrome de Bartter
·         Síndrome del bebé azul
·         Síndrome de Behcet
·         Síndrome de Benjamin
·         Síndrome de Bloch-Sulzberger
·         Síndrome de Bloom
·         Glosodinia
·         Síndrome de Boerhaave
·         Bovarismo
·         Síndrome de Brugada
·         Síndrome de Brunner

C
·         Síndrome de Crandall
·         Síndrome del cabeceo
·         Síndrome del cabello acerado
·         Síndrome de Carpenter
·         Catatonia (síndrome)
·         Síndrome de Charcot-Wilbrand
·         Síndrome de CHARGE
·         Síndrome de Chédiak-Higashi
·         Síndrome de Churg-Strauss
·         Síndrome de la cimitarra
·         Cinconismo
·         Síndrome de la clase turista
·         Claudicación intermitente
·         Clinodactilia
·         Síndrome de Cockayne
·         Síndrome de Coffin-Lowry
·         Síndrome de Cohen
·         Síndrome de Cornelia de Lange
·         Síndrome de Cotard
·         Síndrome de Crigler-Najjar
·         Síndrome de Crouzon
·         Síndrome del cuello rojo
·         Síndrome de Currarino
·         Síndrome de Cushing

D
·         Deformidad
·         Delirio de parasitosis
·         Síndrome de descompresión
·         Síndrome de desgaste
·         Síndrome de DiGeorge
·         Síndrome de Diógenes
·         Síndrome de disincronía
·         Síndrome de Doege-Potter
·         Dolicostenomelia
·         Síndrome de Donohue
·         Síndrome de Duane
·         Síndrome de Dubin-Johnson
·         Enfermedad de Dupuytren

E
·         Síndrome del edificio enfermo
·         Síndrome de Edwards
·         Síndrome de Ehlers-Danlos
·         Síndrome de Eisenmenger
·         Síndrome del emperador
·         Enfermedad de Caroli
·         Enfermedad de Lhermitte-Duclos
·         Enfermedad de Sever
·         Enfermedad de Erdheim-Chester
·         Síndrome de Estocolmo
·         Síndrome del estudiante
·         Síndrome de Evans

F
·         Síndrome de Fahr
·         Síndrome faloidiano
·         Síndrome de fatiga crónica
·         Síndrome FG
·         Fibromialgia
·         Síndrome de Frégoli
·         Síndrome de furia

G
·         Gastrosquisis
·         Síndrome de Gerstmann
·         Síndrome de Gilbert
·         Síndrome de Gobbi
·         Síndrome de Goodpasture
·         Síndrome de Gorlin
·         Síndrome de Gradenigo
·         Síndrome de Guillain-Barré

H
·         Síndrome de Hajdu Cheney
·         Síndrome hepatopulmonar
·         Síndrome de Hermansky-Pudlak
·         Heterotaxia
·         Hipoplasia dérmica focal
·         Howard Potter

I
·         Síndrome del intestino corto

J
·         Síndrome de Joubert

K
·         Síndrome de Kabuki
·         Síndrome de Kallman
·         Enfermedad de Kawasaki
·         Síndrome de Kearns-Sayre
·         Síndrome de Kleine-Levin
·         Síndrome de Klinefelter
·         Síndrome de Klippel-Feil
·         Síndrome de Klumpke
·         Síndrome de Klüver-Bucy
·         Síndrome de Korsakoff
·         Síndrome de Kostmann

L
·         Síndrome de Landau-Kleffner
·         Síndrome de Lázaro
·         Síndrome de Leigh
·         Síndrome de Leriche
·         Síndrome de Lesch-Nyhan
·         Licantropía clínica
·         Síndrome de Liddle
·         Síndrome de lisis tumoral
·         Síndrome de Lowe
·         Síndrome de Lucey-Driscoll
·         Síndrome de Lynch

M
·         Síndrome maligno
·         Desgarro de Mallory-Weiss
·         Mano de simio
·         Síndrome de la mano extraña
·         Síndrome de Marfan
·         Síndrome del maullido de gato
·         Síndrome de McCune-Albright
·         Síndrome de McLeod
·         Síndrome MERRF
·         Síndrome metabólico
·         Micropsia
·         Mielinolisis central pontina
·         Miembro fantasma
·         Síndrome de Miescher
·         Síndrome de Mikulicz
·         Síndrome de Miller-Dieker
·         Síndrome de Möbius
·         Síndrome MOMO
·         Síndrome de Mowat-Wilson
·         Síndrome de Münchhausen
·         Munchhausen por Internet
·         Muñeca abierta

N

·         Narcolepsia
·         Síndrome de la nariz vacía
·         Síndrome nefrítico
·         Síndrome nefrótico
·         Síndrome de Nelson
·         Sindrome del nido
·         Síndrome del nido vacío
·         Síndrome del niño sacudido
·         Síndrome del nodo enfermo
·         Enfermedad de Norrie
·         Síndrome del Norte


O

·         Obnubilación
·         Síndrome de Ochoa
·         Síndrome de Omenn
·         Enfermedad de Osgood-Schlatter


P

·         Síndrome de Pallister Hall
·         Síndrome de Pallister-Killian
·         Síndrome de Pancoast-Tobias
·         Síndrome de Papillon-Lefèvre
·         Síndrome paraneoplásico
·         Pentalogía de Cantrell
·         Síndrome de Peter Pan
·         Síndrome de Peutz-Jeghers
·         Pinzamiento subacromial
·         Síndrome de Plummer-Vinson
·         Síndrome POEMS
·         Síndrome de Poland
·         Polimelia
·         Síndrome pontino lateral
·         Síndrome de Pontius
·         Enfermedad de Pott
·         Síndrome de Prader-Willi
·         Síndrome premenstrual
·         Síndrome de Proteus
·         Síndrome purpúrico


Q


R

·         Síndrome de Rapunzel utópico
·         Síndrome de restaurante chino
·         Síndrome de Rett
·         Síndrome de Reye
·         Síndrome de Roberts
·         Síndrome de Rotor
·         Síndrome de Rubinstein-Taybi


S

·         Síndrome de Sanfilippo
·         Síndrome de Senior-Løken
·         Síndrome del seno carotídeo
·         Síndrome de Shy-Drager
·         Síndrome 3-M
·         Síndrome acrocalloso
·         Síndrome antifosfolípidos
·         Síndrome braquiocefálico
·         Síndrome de Apert
·         Síndrome de Bean
·         Síndrome de Benedikt
·         Síndrome de Capgras
·         Síndrome de DRESS
·         Síndrome de Dubowitz
·         Síndrome de Ekbom
·         Síndrome de enclaustramiento
·         Síndrome de hiper-IgE
·         Síndrome de Hoflund
·         Síndrome de Hughes-Stovin
·         Síndrome de Jacobsen
·         Síndrome de la nariz blanca
·         Síndrome de Loeys-Dietz
·         Síndrome de Miller Fisher
·         Síndrome de Nijmegen
·         Síndrome de Ogilvie
·         Síndrome de Parinaud
·         Síndrome de Patau
·         Síndrome de Pfeiffer
·         Síndrome de Pickwick
·         Síndrome de Pierre Robin
·         Síndrome de Rapunzel
·         Síndrome de robo arterial
·         Síndrome de Roemheld
·         Síndrome de Russell-Silver
·         Síndrome de Saethre-Chotzen
·         Síndrome de Schaaf-Yang
·         Síndrome de Seckel
·         Síndrome de Sheehan
·         Síndrome de Silvestrini-Corda
·         Síndrome de Sjögren-Larsson
·         Síndrome de Smith-Lemli-Opitz
·         Sindrome de soledad inquieta
·         Síndrome de Strumpell Lorrain
·         Síndrome de Timothy
·         Síndrome de Tolosa-Hunt
·         Síndrome de Turcot
·         Síndrome de Weill-Marchesani
·         Síndrome de Widal
·         Síndrome de Wilson-Turner
·         Síndrome de Wolf-Hirschhorn
·         Síndrome del 5q
·         Síndrome del pañal azul
·         Síndrome del piramidal
·         Síndrome del uno y medio
·         Síndrome hepatorrenal
·         Síndrome LEOPARD
·         Síndrome orgánico cerebral
·         Síndrome posconmoción
·         Síndrome postpolio
·         Síndrome postvacacional
·         Síndrome serotoninérgico
·         Síndrome tóxico
·         Síndrome Vestibulocerebelosa
·         Eritema multiforme
·         Síndromes por microdeleción
·         Sirenomelia
·         Síndrome de Sjögren
·         Síndrome de Smith-Magenis
·         Síndrome de solipsismo
·         Síndrome de Sotos
·         Síndrome de Stendhal
·         Síndrome de Stevens-Johnson
·         Síndrome de Stickler
·         Síndrome de Sturge-Weber
·         Síndrome del superviviente
·         Síndrome de Sweet


T

·         Taijin kyofusho
·         Síndrome TAR
·         Síndrome de Taura
·         Tirotoxicosis
·         Síndrome de Tourette
·         Trabajólico
·         Trastorno facticio
·         Síndrome del túnel carpiano
·         Síndrome de Turner


U

·         Síndrome de Ulises
·         Síndrome urémico hemolítico
·         Síndrome de Usher


V

·         Síndrome de Vietnam
·         Síndrome de von Hippel-Lindau
·         Vulvodinia


W

·         Síndrome de Waardenburg
·         Síndrome WAGR
·         Síndrome de Walker-Warburg
·         Síndrome de Wallenberg
·         Síndrome de Wendy
·         Síndrome de Werner
·         Síndrome de West
·         Síndrome de Williams
·         Síndrome de Wiskott-Aldrich


X

·         Síndrome X frágil
·         Síndrome XXXXX


Y

·         Síndrome de Yunis-Varon


Z

·         Síndrome de Zelig
·         Síndrome de Zellweger
·         Síndrome de Zollinger-Ellison